El tiempo nos ha quitado el espacio
The Graffiti Tower, Exhalër, ó la respiración del tiempo, Tiempo propio y Cuando el tiempo calla, cuatro propuestas que nos acercan a la percepción del tiempo, desde la experiencia de Jaime Hierro.
La materialidad de estos objetos son el primer indicio que el artista nos arroja para pensar el tiempo. En The Graffiti Tower, se perfila como una síntesis de acontecimientos entre la prehistoria y la modernidad. Entre la edad del hierro y la era digital. Dos materialidades: una columna de hierro y los leds. En esta fusión entre pasado y futuro, emergen alineados unos tubos de vidrio. Técnica milenaria, el soplo está presente en estos frágiles objetos simbolizando la humanidad. Soplos anónimos que testimonian aquellos acontecimientos que la historia y la literatura nos legan para mantener viva la memoria. Quizá con el mismo objetivo Jaime reproduce mini grafitis en el lateral de esta barra de hierro, con mucha delicadeza y estudiada selección de imágenes.
En el soplo está la vida, la vitalidad, así como la fragilidad y la fugacidad de la vida. Tal vez, este es el concepto que subyace en Exhalër, ó la respiración del tiempo, en el/la que escuchamos una respiración agitada, donde es posible que “el tiempo se termine”, dice el autor. Un motor permite el funcionamiento de otro motor, unas perillas regulan la velocidad y el volumen de ese sonido, y el reloj nos indica el estado de la situación. Otra vez Jaime encuentra en la recuperación de objetos descartados una memoria, esta vez de las tecnologías. Es otro tipo de tiempo el que se perfila en este objeto que cuenta con una llave que tiene una copia. Esta que, aparece como sin sentido alguno, es el símbolo fundamental. En esta transformación creativa nos muestra una faceta que se oculta sigilosa en esos materiales: es la capacidad de la humanidad de dominar y de manipular. La llave es el símbolo del control.
Mientras que en Exhalër, ó la respiración del tiempo podemos sentir el peligro que representa la sensación del último aliento, en Tiempo propio se profundiza sin dramatismo, pero firmemente la aceleración con la que vivimos, ya que los engranajes del mecanismo de un antiguo reloj se agilizan para estar acorde a la percepción de aceleración que nos envuelve la actualidad. El emblema que la modernidad creó para medir el tiempo es modificado. Nos sugiere que el tiempo es relativo y subjetivo, que puede ser manipulado y reinterpretado. Una reflexión sobre la experiencia individual por sobre las estandarizaciones sociales y culturales.
En Cuando el tiempo calla, otra manifestación de tiempo que sensibiliza profundamente. Un objeto conformado por seis mástiles que sostienen seis pantallas pequeñas en las que se reproducen manos infantiles que pasan de un tono pálido a uno rojizo, signo o evidencia de maltrato. Acudimos a la presencia del dolor. Un tiempo que manifiesta que la subjetividad se opone a la agilidad de la modernidad. Es una percepción de la lentitud del tiempo. Una transición que nos remite a la inocencia sometida a la violencia, de la pureza frente a la corrupción. Estas imágenes transmiten la sensación de vulnerabilidad y fragilidad. ¿Qué impacto puede tener en las vidas estas acciones? ¿Cómo nos afecta el dolor en la percepción del tiempo?
Estas piezas sugieren que el tiempo puede ser percibido de manera diferente dependiendo del contexto. Desde el tiempo narrativo de la prehistoria al futuro, hasta el tiempo del dolor acentuado por el tiempo infantil, pasando por la manipulación del tiempo que puede ser utilizada para controlar y dominar la percepción de la aceleración.